Somos el Ballet Folklórico de México - Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández
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Somos el Ballet Folklórico de México

nosotros

Acerca del Ballet Folklorico de México

Desde los inicios de los años sesenta Amalia Hernández tuvo la idea de crear una Escuela de Ballet Folklórico con el objeto de preparar bailarines para cubrir los compromisos de las compañías y por ese medio, difundir y enriquecer la danza folklórica en nuestro país.Ballet de Amalia Hernández

 

A pesar de no contar con un espacio propio, la Escuela empezó a funcionar en dos salones que el propio Instituto Nacional de Bellas Artes le facilitó al Ballet. Las aulas se aprovecharon para que los bailarines profesionales llevaran a cabo sus ensayos y, a la vez, para que se impartieran clases a niños y jóvenes deseosos de aprender este arte para luego incorporarse a las filas de la compañía. Hubo, asimismo, otro local cerca del Palacio de Bellas Artes donde se dieron lecciones de folklore, pero al poco tiempo resultó insuficiente por el crecimiento que comenzó a experimentar la compañía.

Con el afán de tener un lugar que cubriera los requisitos de una escuela formal, Amalia Hernández decidió construir un edificio apropiado. El encargado de realizar tan importante tarea fue su hermano, el arquitecto Agustín Hernández.

“El color, el buen gusto, la gracia y la autenticidad de las danzas configuran un espectáculo de singular calidad”.

Ballet de Amalia HernándezEn el año de 1966 dio comienzo la construcción de la Escuela en un terreno ubicado en la calle de Violeta esquina con Riva Palacio, en la colonia Guerrero, de la Ciudad de México. Desde el punto de vista arquitectónico, el resultado fue innovador pues el diseño de la obra se adelantó a los estilos en boga de la época.

 

El edificio es, hasta la fecha, una construcción vanguardista, pues retoma elementos inspirados en el pasado prehispánico de México mediante las formas trapezoidales y escalonadas que recuerdan el talud y el tablero, ambos recursos estructurales y estéticos presentes en la arquitectura propia de las pirámides mayas.

escuela de Amalia HernándezEl 26 de marzo de 1968 el entonces Presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz inauguró esta importante obra; actuando en esta especial ocasión el Ballet de los Cinco Continentes –recién creado con motivo de los Juegos Olímpicos a celebrarse en el país – . Cinco años después, se construyó un anexo a la escuela, con la finalidad de crear tres salones más para llevar a cabo ensayos y clases.

 

El programa de estudios abarca básicamente clases de folklore y ballet clásico, y en menor medida de lecciones de baile de salón, danza afroamericana y jazz, según el semestre que se curse. En ocasiones, se incluyen cursos de danza moderna por maestros invitados ex profeso.

Amalia HernándezLa década de 1960 se inició de manera magistral para el Ballet Folklórico de México con la noticia de su victoria en el Festival de las Naciones de París, Francia, en 1961, en el que obtuvo el premio como mejor grupo dancístico del mundo. Dicho galardón, que había sido conquistado por el prestigiado ballet ruso Moiseyev en 1956, le abrió las puertas a nuevos e importantes escenarios internacionales, e impulsó su proyección nacional.

En febrero de 1963, el señor Mario Hernández, entonces presidente de la Agrupación de Críticos de Teatro, Música y Danza, le otorgó un premio a Amalia por su brillante trayectoria como coreógrafa y por su extraordinaria labor en el extranjero.

“… y me di cuenta, que tenía no solamente que estudiar todo eso, sino también vivirlo, hacerlo propio, para que después a la hora de crear resultara algo que no fuera fríamente intelectual, sino algo lleno de vida”.

somos-ballet-folklorico-8En mayo de 1969 el Ballet Folklórico de México obtuvo el Premio Roma en el certamen organizado por el Festival Internacional del Espectáculo, con sede en la capital italiana.

La espectacular trayectoria del Ballet en esa época fue reconocida también en Managua, Nicaragua en diciembre del mismo año de 1969. Aquí, Amalia Hernández recibió la condecoración Rubén Darío en el acto inaugural del Teatro Nacional que lleva el nombre del poeta.

El 11 de marzo de 1975 la Unión de Cronistas de Teatro otorgó al Ballet Folklórico y en especial, a su creadora, un diploma por su labor en el ámbito de la coreografía y la difusión de la danza.

De igual manera, en el año de 1977 la Secretaría de Relaciones Exteriores concedió a Doña Amalia la medalla “Águila de Tlatelolco” por su trabajo de difusión del folklor mexicano tanto en México como en el extranjero.

El 18 de diciembre de 1992 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la rama de Bellas Artes, de manos del Presidente de la República Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).

En 1992, la compañía recibió el Premio Tiffany en Nueva York. Más adelante, en México se le otorgó el Premio Fundación México Unido y las Lunas del Auditorio, ambos en el 2003.

 

El Ballet Folklórico de México es una compañía con fuerza y estilo propios, virtudes que lo han hecho prevalecer sobre infinidad de circunstancias. A través de él, el espíritu de Amalia continúa vivo. A sus 60 años de vida, es una institución cuya presencia se mantiene ligada a su artífice, ofreciendo al espectador una propuesta artística innovadora vigente hoy en día. Esta compañía, reconocida mundialmente es una organización emblemática de la danza folklórica mexicana.

Amalia HernándezEn un México convulso, producto de la lucha revolucionaria que surgía en 1910, durante la presidencia de Venustiano Carranza, nació Amalia Hernández el 19 de septiembre de 1917, en la Ciudad de México. Don Lamberto, su padre, fue un conocido político y militar regente del Departamento del Distrito Federal en el  lapso de 1930 a 1931; Doña Amalia, su madre, fue maestra.

Aparte de su primogénita, el matrimonio Hernández Navarro tuvo cuatro hijos: Lamberto, Agustín, Delfín y Gabriela.

 

Desde muy pequeña, Amalia mostró gusto por el baile y participó en los festivales infantiles de su escuela. Cuando contaba con ocho años de edad, expresó a su familia su afición por la danza. Sus padres, aunque un tanto renuentes a que su hija mayor tuviera inclinaciones artísticas, decidieron que tomara clases particulares, para cuyo fin Don Lamberto le construyó un estudio en casa. Así se perfiló su carrera como bailarina…

“El ballet de Amalia Hernández es, en verdad, un museo viviente que transmite por el mundo las tradiciones culturales de México”.

Ballet de Amalia HernándezSus primeros maestros fueron profesionales de reconocido prestigio: Nesly Dambré, bailarina de la Ópera de París y el exiliado ruso  Hipólito Zybin, considerado el mejor bailarín del Ballet de Anna Pavlova.

Gracias a su sólida formación en danza clásica y moderna, Amalia adquirió gusto por los bailes autóctonos de las diversas regiones del país y como bailiarina profesional, empezó a desarrollar la idea de convertir el folklor mexicano en un espectáculo teatral.

 

Amalia Hernández fue en este sentido, una mujer visionaria que supo resaltar el valor artístico de la cultura mexicana cuando nadie pensaba que ello pudiera expresarse en un escenario.

 

La necesidad de crear una institución oficial que impulsara la profesionalización de los bailarines en todas las ramas de la disciplina dio lugar a la fudación de la Academia de la Danza Mexicana en 1947. En este nuevo espacio, Amalia participó como bailarina, maestra y coreógrafa.

Ballet de Amalia HernándezCon una clara conciencia de su quehacer en el campo del folklor, fundó en la década de 1950 su propio grupo de Ballet. A partir de entonces, la investigación antropológica se convirtió en parte fundamental de su proceso creativo. Así fue como inició su trayectoria como representante del folklor mexicano.

 

Entre las grandes aportaciones de Amalia a México y el mundo, está la creación de más de ochenta coreografías inspiradas en diferentes regiones del país.

Al par de su vida artística, en su perfeccionamiento como bailarina, coreógrafa y directora de su Ballet, la vida privada de Amalia Hernández se desarrolló como la de culaquier mujer. Con base en la premisa –descrita por ella misma- de que “no se puede meter el ballet a casa”, entonces “metió su casa al ballet”. De este modo involucró a sus dos hijas, Norma y Viviana, en la danza, asegurando que su legado se transimitiera de una generación a otra.

El 4 de noviembre del año 2000, Amalia Hernández dejó de existir a los 83 años de edad.


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