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Surgimiento Danza Moderna México

El surgimiento de la danza moderna

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El primer grupo de ballet moderno creado enteramente en México, se debió al entusiasmo de la norteamericana Anna Sokolow. La joven bailarina llegó a nuestro país en 1939, al frente de un conjunto formado por artistas de Estados Unidos.

La calidad de sus interpretaciones no sobrepasaba un nivel simplemente aceptable y discreto pero, disuelta aquella tropa, Anna decidió quedarse una buena temporada en México para ejercer aquí el magisterio de la danza moderna, y se reveló como una maestra eficaz y profundamente conocedora de los secretos del arte.

 

Apenas instalada, comenzó a adiestrar un grupo de bailarines mexicanos, y lo hizo con tal acierto, sabiendo aprovechar la buena disposición de sus discípulos, que su maestrazgo resultó de verdadera trascendencia para el arte balletístico de nuestro país.

 

Sokolow formó su grupo con jóvenes provenientes de la Escuela Nacional de Danza, que abordaron con éxito un género tan difícil y laborioso como el de la danza moderna. Por la intensa y fructífera labor que realizó, Anna Sokolow fue, en rigor, la iniciadora de la danza moderna en México.

 

Por aquella época llegaron a México el escritor José Bergamin y el compositor Rodolfo Halffter, ambos de origen español. Se relacionaron inmediatamente con los medios artísticos que les eran afines y conocieron incidentalmente a Sokolow, con la cual mostraron pronto grandes afinidades. Entonces surgió entre los tres la idea de crear una coreografía para representar la mojiganga “Don Lindo de Almería”, ballet de Bergamin con música de Haffter.

 

Se hicieron los preparativos necesarios y el grupo de Sokolow estaba dispuesto para estrenar la obra, cuando se cayó en la cuenta de que faltaban medios para llevar a término la empresa. En tan desafortunada situación, se produjo un hecho salvador; un veterano actor cómico español, Antonio Palacios, dirigía una temporada de zarzuela en el teatro Fábregas, y se brindó para dar facilidades a la compañía de ballet.

 

Este ofrecimiento permitió que el 9 de enero de 1940 debutara en aquel teatro el Grupo Mexicano de Danzas Clásicas y Modernas con el estreno del ballet mojiganga “Don Lindo de Almería”. El decorado y el vestuario fueron obra del pintor Antonio Ruiz.

 

Esta primera presentación conmovió a los medios artísticos mexicanos y al público aficionado al buen arte coreográfico. Los artistas más destacados, los críticos más exigentes y los devotos tradicionales del ballet, coincidieron en mostrar un vivo interés por aquello que parecía un experimento y era ya una prometedora realidad.
Consecuencia inmediata de aquel éxito fue que se interesaran seriamente por Anna Sokolow y su grupo, tanto Celestino Gorostiza, director entonces del departamento de Bellas Artes, como Armando de María y Campos, jefe de la sección de teatros del mismo organismo oficial.

 

Ellos facilitaron generosamente la actuación de los jóvenes artistas en tres funciones que se efectuaron en el teatro de Bellas Artes.

 

El Ballet de Bellas Artes, nuevo nombre adoptado por el grupo, amplió su repertorio para tales funciones con música de Couperin, Frescobaldi, Mattheson y Rameu, coreografías de Sokolow y vestuario de Gabriel Fernández y Antonio Ruiz.

 

El número final de aquellos programas de ballet, sin precedente en nuestro medio, fue “Don Lindo de Almería” donde la crítica comentaba: “cayó del cielo andaluz a un escenario mexicano, con el mismo garbo que la primera vez”.
Después de varios estrenos, disensiones internas que no viene al caso recordar, motivaron la disolución del cuerpo de baile, que ya por esos tiempos se hacía llamar “La Paloma Azul”. El grupo se dispersó, y Anna Sokolow regreso a Nueva York sin haber sido dado de sí todo lo que podía esperarse de su talento.
Pero la semilla, y esto es lo más importante, había empezado a germinar.

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